Cuando pase a tu lado y no respondas,
deslumbraré tu corazón cegado.
Si te hablo de mi Padre y no me escuchas,
destaparé de un grito tus oídos.
Por si te toco y no me sientes,
llevaré mil caricias muy de mano.
En todo momento y a destiempo
sabrás que, Yo, no te tengo olvidado.
EUCARISTÍA/EVD , 22 de enero de 2012
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